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  • Auguste Strindberg

    Auguste Strindberg (1849 – 1912) es uno de los escritores más importantes de la historia de la literatura sueca. Su ingente obra es también muy apreciada a nivel internacional y siguen representándose muchos de sus dramas. Y es que son sus obras de teatro las que le dieron su fama. En ellas fue desarrollando un estilo que le acercó al expresionismo y al simbolismo, lo cual influiría notablemente en el teatro de vanguardia de las primeras décadas del siglo XX. Una personalidad compleja, como la del sueco, cercana a la esquizofrenia, provocó que su obra fuese virando hacia temáticas menos comunes y alejadas del realismo. Varios de los dramas escritos en su última época, a los que nos referiremos después, tocan temas como la culpabilidad, la muerte, el significado de los sueños. Todo ello con un marcado simbolismo. Strindberg fundó un teatro llamado Intima Teatern para el que escribió varias de sus mejores obras.

    "Teatro de cámara"

    Las 4 piezas a las que nos referiremos a continuación fueron escritas en los últimos años de su vida. Una de las mayores preocupaciones del sueco por aquellos tiempos era huir de lo que venía haciendo hasta entonces. Pretendía renovar su estilo con el fin de no permanecer encasillado en un tipo de drama realista o naturalista que consideraba superado. Para ello escribió una serie de obras para su Intima Teatern en el que trató de adaptar el concepto de la música de cámara al teatro. ¿Cómo lo hizo? Para empezar intentó no dispersar en exceso el mensaje de cada obra tratando de referirse a una sola temática, pero abordada en profundidad. Aparecerían pocos personajes, siendo llevadas estas obras a la escena por pequeñas compañías. Este “teatro de cámara” ya se estaba desarrollando en algunos países europeos y, poco a poco, fue imponiéndose.

    "La tormenta"

    Tormenta (Oväder) es una obra de gran interés protagonizada por un individuo en sus últimos años, que reflexiona en su casa sobre la vida, mientras en el exterior acontece una tormenta. La simbología propia de la tormenta rápidamente es comprendida por el lector como una amenaza que surge en las personas que se encuentran cercanos a la muerte. Os cito algún pasaje que tengo anotado, en el que Strindberg muestra “sus cartas”.

    “El presente no existe…, lo que está pasando ahora es el vacío, la nada; hay que mirar hacia delante o hacía atrás…, mejor hacia delante, porque ahí está la esperanza”.

    “Un día en el parque vio a una hermosa niña y se dirigió hacia la desconocida con los brazos abiertos para darle un beso. La hermosa niña correspondió a su cariño dándole un mordisco en la mejilla y sacándole después la lengua. Tendrías que haber visto entonces a mi pequeña Ana Carlota: se quedó como petrificada, no de dolor, sino del espanto que le produjo ver el inmenso abismo que se abría ante ella que se llama corazón humano. Yo lo he visto una vez, cuando del fondo de los ojos más hermosos surgieron de repente dos miradas extrañas como de fiera maligna. Quedé literalmente tan aterrorizado que miré si había alguien detrás de su rostro, que parecía una máscara. Pero ¿por qué estamos hablando de estas cosas? ¿Será el calor y la tormenta, o qué?"

    "La casa incendiada"

    En esta obra Strindberg toca otro de sus temas fetiche: la familia. Tras la institución familiar se pueden esconder numerosos sucesos dramáticos, que en muchas ocasiones se ocultan por una cuestión de pragmatismo, de “huida hacia delante”. El sueco reflexiona en esta obra sobre lo que él considera un grave error en cualquier situación: la falsedad. O como Strindberg, lo denominaba: la máscara. Es esa máscara social que nos ponemos ante la mayor parte de las situaciones de nuestra vida la que origina la pérdida de humanidad en nuestro carácter hasta que solo somos pálidos reflejos de nosotros mismos. La simbología en “La casa incendiada” vuelve a estar patente en elementos clásicos como el fuego.

    “Cuando se quema algo, se puede leer el futuro en las cenizas. Nosotros lo hacíamos de pequeños en las de de la chimenea”

    “(…)- Déjeme decirle una cosa: cuando uno nace sin un velo delante de los ojos, ve la vida y los hombres tal como son… y hay que ser un cerdo para encontrarse a gusto en el fango. Cuando uno ya se ha hartado de ver tanta falsedad, entonces dirige la mirada hacia su propia alma. Allí sí que hay de verdad cosas que ver…
    -¿Qué se ve allí?
    -Se ve uno mismo. Pero cuando uno se ve a sí mismo, muere”.

    “El dolor nos da paciencia; la paciencia nos da esperanza. Y la esperanza no nos defrauda nunca”.

    SPÖKSONATEN

    “La sonata de los espectros” (Spöksonaten) quizás es la obra con más trascendencia del dramaturgo sueco, especialmente por la impactante escena de la cena del protagonista con los muertos. Nuevamente Strindberg insiste en varios de los temas que le obsesionaban, especialmente en la falta de honestidad en las relaciones humanas. Strindberg, como otros muchos escritores, utiliza su obra de forma catártica, como un intento de purificar sus pasiones, y también para llamar la atención, primero a sí mismo, sobre los peligros de la falta de moral.

    “El silencio no puede ocultar nada… las palabras sí”

    “Para qué queremos hablar si ya no podemos engañarnos”

    “Él, como todo el mundo, se relacionaba con un grupo de individuos a los que, por mor de la brevedad, él llamaba amigos.”


    Como vemos, el reproche a nuestra “máscara social” es de una maravillosa brutalidad.

    "El pelícano"

    “El pelícano” es otra obra de cámara escrita por el dramaturgo sueco pocos años antes de su muerte. Este trabajo tiene un especial interés por su personaje central: la madre. Strindberg pervierte muchos de los tópicos acerca de la figura materna en este drama. Como en otras ocasiones, y es habitual en la literatura, la obra pueda relacionarse con ciertos detalles biográficos del sueco, aunque para mí, tiene mayor interés este drama, como los anteriormente referidos, por su profunda censura al comportamiento humano, sin dejar títere con cabeza. Ni la madre ni nadie. Y es también la autocrítica lo que quizás hace tan especial obras como “El pelícano”, algo, por desgracia, muy poco habitual.

    “Ahora me doy cuenta de lo que nos espera… a mí y a mis hijos. Ha llegado el momento de quitarse la careta…”

    “Siento un desprecio tan enorme por la vida, la humanidad, la sociedad y por mí, que ni siquiera tengo ganas de seguir viviendo…”

    Como hemos visto la obra de Strindberg puede resultar en un primer acercamiento, excesivamente pesimista. Pero no creo que sea así. Strindberg opinaba que solo yendo hasta lo más profundo de nuestro dolor, aceptando nuestras humillaciones y nuestras pequeñas tragedias personales encontraremos esperanza verdadera que nos ayudará a deshacernos de nuestra “máscara”. Es un camino más difícil. Mucho más que el del optimismo “negacionista”, aquel que oculta bajo la alfombra los problemas, pero mucho más honesto con uno mismo y con el prójimo. El verdadero optimismo, la verdadera esperanza, la encontrarás si no ocultas la realidad. Estas conclusiones son algunas de las que un lector puede sacar de estas y otras obras de Strindberg.



    Desde el punto de vista literario y dramatúrgico la obra del autor sueco fue muy apreciada en escritores posteriores. Se le suele encuadrar como precursor del “teatro del absurdo”, un tipo de obras que aparecerían a mediados de siglo XX caracterizadas por ser una manifestación dramática de la filosofía existencialista de la que, por supuesto, Strindberg es también precursor. Las temáticas del autor sueco, alejadas del naturalismo, tendrían una gran repercusión posterior en las vanguardias. Y sus obsesiones, plasmadas literariamente, serían transferidas a varias generaciones posteriores. Pero también en vida gozó de buena fama. Prueba de ello es su multitudinario entierro en Estocolmo al que acudieron unas 50.000 personas.


    Y un detalle que no quería dejar escapar. Uno de los mejores directores de la historia del cine fue un ferviente apasionado de Strindberg. Se trata de su compatriota Ingmar Bergman. El cineasta nacido en Uppsala en 1918, inició su carrera en el teatro, al que dedicó amor eterno. Y uno de sus referentes, como no podía ser de otra manera, fue Strindberg. La carrera cinematográfica de Bergman estará marcada en muchas de sus fases por abordar temas muy cercanos al dramaturgo. En varias de sus mejores películas se puede apreciar la intensa influencia de su compatriota. Bergman abordará aun con mayor eficacia varios de los temas más recurrentes en Strindberg.

    Para muestra este monólogo extraído de su célebre “Persona” (1966)



    Este artículo fue publicado originalmente en el tema del foro: Auguste Strindberg iniciado por Curro81 Ver mensaje original
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